«Muchas empresas usan la IA como excusa para despedir trabajadores»
David Timis es un prolífico divulgador que trae un consejo sencillo: adáptate a la nueva tecnología, pero no sustituyas ChatGPT por tu cerebro.
Mira: una encuesta reciente de Accenture apunta que uno de cada dos trabajadores en España teme que algún tipo de inteligencia artificial ocupe su puesto. Entre ellos no aparecen los directivos. Entre los directivos, sostiene este estudio, predomina el optimismo. El 92% considera que la tecnología sólo mejorará las cosas para todos (o para ellos). La pregunta del millón es cuánto hay de miedo infundado y cuánto de preocupación razonable para el resto. Uno se pasea por la prensa americana y sólo tropieza con malos presagios. En Estados Unidos, la empresa de logística UPS recortó casi 50.000 empleos el año pasado. Salesforce, una tecnológica, prescindió de 4.000 trabajadores de atención al cliente. Ambas argumentaron que la inteligencia artificial hizo a esos humanos prescindibles. Son apenas dos ejemplos entre cientos. Luego están los casos como Oracle, la compañía del magnate Larry Ellison, que planea echar a uno de cada cinco trabajadores para destinar más dinero a la creación de centros de datos y otras inversiones a medio y largo plazo. (Cuando hablamos de uno de cada cinco, hablamos de uno de cada cinco en una firma con más de 160.000 mujeres y hombres a nómina).
De modo que os comentaba que, sí, tiré de agenda y contacté con alguien que está al día de los avances y los dolores de cabeza causados por la inteligencia artificial. Alguien a quien en adelante llamaremos David Timis.
Os presento.
Timis es el director de Asuntos Públicos de Generation, una organización sin ánimo de lucro dedicada a adaptar a los empleadores y los empleados a los nuevos tiempos. Nuestro experto trabajó para Google, Microsoft, la Comisión Europea. Forma parte de algún programa que otro del Foro Económico Mundial. Conferencia en instituciones y universidades como TEDx o Cambridge. Su currículum es sorprendentemente extenso. Digamos que me pareció la persona indicada a quien recurrir y preguntarle, bueno, lo mismo que vosotros haríais.
¿Va a dejarme una inteligencia artificial sin trabajo?
Yo no estaría demasiado preocupado si fuese un periodista con experiencia, como es tu caso y el de muchos de tus colegas. El mayor desafío lo tienen quienes no han entrado todavía en la profesión, al menos en estos momentos. Puede que la única manera que les quede para sobreponerse sea aprender las bases del buen periodismo al tiempo que a usar esas herramientas de inteligencia artificial que te pueden posicionar como el periodista del futuro. Algo que suena guay. Nada de esto quita que algunas empresas, bastantes, están dejando de contratar.
Tengo entendido que el sector tecnológico es el que más recorta, y que las empresas que más han apostado por la inteligencia artificial son las que menos jóvenes contratan. No suena a que estén apostando por el relevo generacional.
Sí, algunos estudios demuestran el impacto sobre los ingenieros de software que quieren entrar en el sector. Tampoco me preocuparía mucho por ellos, al menos en estos momentos. Puede parecer paradójico, pero cuanto más eficiente seas escribiendo software, más software necesitarán, y más gente que lo haga, o más gente para instruir y supervisar el modelo de inteligencia artificial que lo desarrolle por ti. La cuestión es que no todas las profesiones correrán la misma suerte. El caso contrario es el de la atención al cliente. Si el servicio es más barato y funciona mejor, muchas empresas preferirán contar con un jefe de departamento que gestione a distintos agentes de inteligencia artificial para atender a los clientes, y sólo se implique directamente si la conversación se calienta o si requiere de alguna forma de interacción humana.
Lo que muchos abogados, reporteros o ingenieros se preguntan es si, de alguna manera, al entrenar a las inteligencias artificiales están cavando su propia tumba.
A menudo confundimos conceptos. Una cosa es que una inteligencia artificial pueda hacer tu trabajo sin ti y otra que la necesites para hacer tu trabajo. No hemos entrado en esa fase histórica donde la tecnología toma decisiones por su cuenta, sin que lo requiera un humano, y puede que nunca entremos en ella. A lo que debemos prestar más atención es a la aplicación de esta revolución tecnológica por parte de los empleadores. ¿Van a tratar de automatizar el trabajo de sus empleados o van a formarlos para que sean más productivos con la ayuda de la inteligencia artificial? Desde luego quien apueste por lo primero se ahorrará dinero de formación. Pero a largo plazo es un error.
¿Por qué?
Todavía vamos a necesitar humanos en casi todas las profesiones en los próximos años, y si eres un empresario debes pensar en el día que comiencen a retirarse tus trabajadores más experimentados. ¿Qué pasará? Saldrás al mercado a buscar talento, y en ese momento encontrar y contratar a un abogado o un ingeniero con años de experiencia será mucho más caro y no habrá tantos. La realidad es que, sobre todo en Estados Unidos, bastantes empresas están apostando por el segundo enfoque.
Lo que me parece más perturbador es que los jefazos de los gigantes tecnológicos insistan tanto en la idea de un futuro con despidos masivos. Te obligan a sospechar que no están advirtiéndonos sobre una realidad inevitable, sino que están construyéndola. Probablemente para motivar a los inversores que están metiendo miles y miles de millones de dólares en sus proyectos a fin de obtener una rentabilidad a la altura de sus expectativas.
Lo que estamos viendo es que muchas empresas están utilizando la excusa de la inteligencia artificial para despedir trabajadores. En algunos casos porque han introducido esta tecnología sin tener muy claro cómo aplicarla y sin formar previamente a sus empleados. De pronto se encuentran con que su aplicación ha sido carísima y su rendimiento, sin embargo, es peor del esperado. A continuación se plantean cómo convencer a sus inversores de que, en realidad, la productividad de la empresa ha mejorado. Su solución pasa entonces por recortar personal y apostar por los trabajadores que mejor se manejan con la inteligencia artificial, obligándoles a asumir la misma carga de trabajo o más por el mismo precio. Luego, al final del trimestre, estas empresas justifican sus inversiones en un programa de inteligencia artificial fallido alegando que ha reducido el coste laboral, que suele ser lo más caro para una compañía. De modo que es perturbador, sí, como dices, que estas empresas atribuyan los despidos a los avances tecnológicos cuando lo único que han hecho es presionar a los trabajadores que mantuvieron su empleo a acumular más tareas por el mismo dinero a final de mes.
Te necesito
Pero lo peor, a corto plazo, es para los jóvenes.
Sí, pero eso puede cambiar de la noche a la mañana. Si llega una recesión, o si estalla lo que algunos definen como la burbuja de la inteligencia artificial, quienes más sufrirán serán los trabajadores de puestos intermedios. Aquellos que llevan 20 o 30 años en lo suyo y se resisten a aplicar, a esas alturas, la inteligencia artificial. Si vienen mal dadas, las empresas querrán reducir gastos recortando allí donde los costes sean más altos, y algo me dice que los directivos no optarán por despedirse a sí mismos. De manera que tiene su gracia. Si llega una recesión o un cambio profundo del mercado, quienes más se beneficiarán son quienes ahora son los principales perjudicados: esos trabajadores jóvenes familiarizados con la inteligencia artificial que entran en el mercado cobrando menos que quienes fueron despedidos.
No es una historia que oiga a menudo. No tengo la sensación de que nos estemos tomando la molestia de contársela a los trabajadores de 40 o 50 años.
Mira, soy un optimista tecnológico de corazón. Creo en su potencial para hacer el bien si la guiamos adecuadamente, si conseguimos que sea pro-humana y pro-trabajador. Pero necesitamos algo más de los gobiernos y los líderes del mundo, algo que me gusta llamar «conciencia de la situación». No sabemos con precisión lo que vendrá en los próximos años. Hay varios escenarios posibles. Puede que las cosas se mantengan más o menos como están, con un crecimiento económico anual del 2% en el que la inteligencia artificial experimente su momento iPhone. En este caso hablamos de una tecnología no tan disruptiva. Pero hay un par de escenarios extremos.
¿Cuáles son?
Uno es el que venden Elon Musk y otros. Un mundo de increíble abundancia que, para ser sincero, observando el cariz que está tomando la carrera tecnológica, me parece improbable. El otro escenario es más loco y probable. Uno donde ocurre lo que algunos llaman «desempoderamiento gradual», con una automatización de las tareas que expulsaría de sus profesiones a buena parte de los trabajadores, lo que acarrearía enormes consecuencias sociales.
Estamos hablando de millones de personas expulsadas del mercado laboral. Han sido sustituidas por máquinas y no van a dar saltos de alegría por ello.
Sí, eso es. Todo nuestro contrato social se sostiene sobre la idea de que la gente trabaja, deseablemente en algo que le gusta, paga sus impuestos y con esos impuestos permite ayudar a los más desfavorecidos de la sociedad. A menos gente trabajando y pagando impuestos, más presión sobre la economía y los legisladores. Esta gente no se va a quedar en casa viendo películas de Netflix si no tiene un plato de comida que llevar a la mesa. Esta gente va a rebelarse, va a protestar y va a sentirse furiosa por algo que le está pasando y que está fuera de su control. Puede que estemos menos expuestos a esta realidad en Europa. Pero en Estados Unidos, precisamente porque sus leyes no protegen tanto a los trabajadores, es más fácil despedir a la gente y llegar a ese extremo.
¿Qué debemos hacer los europeos, en cualquier caso?
Lo primero que debemos hacer es, con urgencia, revisitar el contrato social y decidir qué tipo de sociedad queremos construir. Si queremos que sea una que funciona para la mayoría, y no sólo para unos pocos, tenemos que plantearnos preguntas difíciles, apostar por políticas que provean redes de seguridad y ofrecer oportunidades de formación a quienes esta disrupción tecnológica pille en fuera de juego. En el último foro de Davos, la editora de The Economist le preguntó a Jamie Dimon, el director general de JP Morgan, su visión del banco a tres o cinco años, más concretamente si prevé contar con más o menos trabajadores. Dimon le respondió de inmediato que con menos, por la inteligencia artificial, y añadió que la única manera de que puedan mantener a tantos empleados será que el gobierno los obligue a ello. Esto, de nuevo, es más peliagudo en Estados Unidos que en Europa. Pero esa situación requeriría que alguien como Donald Trump se reuniera con JP Morgan para decirles: «Vale, sé que no necesitáis a tanta gente, pero tenéis que mantenerla porque no hay alternativa, no los hemos formado a tiempo y no hemos creado ninguna clase de red de seguridad para ellos».
Seguro que se dejan convencer con facilidad.
Ya, y sé que es un escenario muy extremo. Pero hay una diferencia entre creer que es imposible que algo tan loco pueda ocurrir, y por lo tanto no hacer nada, y prepararte para que ese escenario con un 10% de probabilidades de suceder no te alcance con la guardia baja.
Hemos hablado mucho de las formas en que una inteligencia artificial puede hacerte mejor en tu trabajo. Hemos dejado aparte lo que corremos el riesgo de perder en el camino.
Sí, cada uno debe decidir cuánto entrega a una inteligencia artificial. Existe el riesgo de depender tanto de ChatGPT, Claude o Gemini que acabes perdiendo aptitudes propiamente humanas. Lo que más me preocupa que perdamos es nuestra capacidad para el pensamiento crítico. ¿Qué pasa si un día caen OpenAI o Anthropic por una saturación de sus servidores y ya no puedes recurrir a sus modelos de lenguaje para escribir un correo electrónico o realizar las tareas de las que solías ocuparte antes de que existieran? Hemos perdido la capacidad de hacer cálculos mentales, enseguida recurrimos a la calculadora, y hemos desentrenado la memoria, necesitamos Facebook para recordar los cumpleaños. El pensamiento crítico es un poder humano, es tu modo de aportar ideas al mundo, y basta con dejar de usar un músculo para que pierda su fuerza. Si eres un niño o una niña de siete u ocho años y estás aprendiendo a escribir con un modelo de inteligencia artificial, en fin, buena suerte. Saber escribir y saber pensar de manera crítica seguirán siendo atributos muy importantes en el futuro, y ambas van de la mano.
Puede que sigamos necesitando tantos filósofos como ingenieros.
No sé si tantos, pero nadie te discutirá que necesitaremos a personas que planteen las preguntas que tendremos que respondernos. Lo que sí sé es que algunas profesiones tienen más probabilidades de supervivencia que otras. Muchos humanos seguirán prefiriendo recurrir a una terapeuta, o a un cura, para hablar. La mayor parte de nosotros preferimos comunicarnos con un humano que puede empatizar contigo que hacerlo con una máquina que puede simular empatía. Y necesitaremos humanos, por ejemplo, en los tribunales. Seguro que prefieres a un juez en el proceso que a una inteligencia artificial en su lugar. Y, por supuesto, si alguien está muy preocupado por su puesto de trabajo y quiere tener uno garantizado dentro de tres o cinco años, le sugiero algo.
¿El qué?
Que aprenda trabajos manuales. Hay quien se lo toma a broma cuando los directores generales de algunas tecnológicas explican esto. Pero es mucho más difícil de lo que parece que un robot humanoide pueda arreglarte un grifo y manejarse con soltura en cualquier tipo de cocina, sobre todo en una de Bruselas. Te aseguro que es mucho más fácil que ese trabajo lo siga haciendo una persona con años de experiencia. La cosa tiene su gracia: los empleos mejor valorados en un futuro inmediato no serán los que necesitan un grado tradicional, como puede ser en Economía, sino los trabajos manuales o físicos. Si buscas garantías, hazte electricista, soldador, instalador de paneles solares o técnico de turbinas eólicas.
¿Algún consejo más para quien siga con miedo?
Que lo use a su favor. Que convierta el miedo en una urgencia. Ojalá las empresas inviertan más en formación y los gobiernos se preparen para lo peor. Pero lo que está en tu mano es aprender a manejar estas herramientas y utilizarlas en tu vida personal y profesional de manera efectiva y responsable. Ten en cuenta que hay muy poca gente que lo haga [en España, el 29%, un punto por debajo de la media europea], es una tecnología todavía muy novedosa. Si te pones al día puedes sacarle ventaja al resto, al menos en los próximos años, hasta que todo el mundo la haya incorporado y naturalizado. Ese es mi consejo: acepta que existen estas herramientas, aprende a usarlas y sé optimista. Hay muchos motivos para serlo cuando no le dedicas demasiado tiempo a mantenerte preocupado. ♦





No se puede luchar contra el futuro, abraza la IA, se directivo.
Gracias, Jorge. Maravilloso análisis, como nos tienes acostumbrados.
Espero ansioso a que en alguna futura entrega se aborde la relación de este tema con otros grandes problemas de nuestra era (escasez de vivienda, "crisis" demográfica, declive de valores éticos, etc). A lo mejor resultará de ello una interferencia constructiva, a lo peor destructiva.